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El costo de las muertes por siniestros viales se cifra en 2.21% del PIB

La directora ejecutiva del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), Claudia Franchesca de los Santos, se muestra optimista, aunque reconoce que República Dominicana afronta, por primera vez en su historia, el gran reto de impulsar un cambio en el comportamiento de conductores y peatones respecto a la seguridad vial y la movilidad.

De los Santos deplora que, según datos recientes, las muertes por accidentes de tránsito en República Dominicana alcancen una tasa de 29.28 fatalidades por cada 100 mil habitantes. Además, que los fallecimientos por esta causa tengan un costo de un 2.21% del producto interno bruto (PIB), así como que la Procuraduría General de la República incumpla con transferir al Intrant el 25% de las recaudaciones por infracciones de tránsito.

Qué acciones desarrolla el Intrant para disminuir los accidentes de tránsito
Desarrolla, coordina y monitorea 136 líneas de acción establecidas en el Plan Estratégico Nacional de Seguridad Vial (PENSV) 2017-2020, que busca reducir las muertes por accidentes de tránsito en un 30%. Entre las acciones primarias más significativas, por su impacto en la eficacia y eficiencia de la política pública, está la de recolectar, consolidar y explotar, por primera vez en un solo organismo especializado, toda la información epidemiológica de los accidentes de tránsito, así como la relacionada a la movilidad terrestre. El Observatorio Permanente de Seguridad Vial, cuyas estadísticas nacionales son utilizadas para saber cuándo, dónde y por qué ocurren los siniestros viales, permite maximizar la rentabilidad de los recursos públicos definiendo estrategias de prevención que apunten a las áreas más críticas.

Estos datos se utilizan para identificar puntos de alta ocurrencia de fatalidades provocadas por el tránsito, así como tramos de alta concentración de accidentes en las principales vías de todo el territorio nacional. Todas estas áreas críticas son estudiadas por el Intrant y posteriormente son recomendadas al Ministerio de Obras Públicas, en los casos que aplique, las intervenciones que corrijan las situaciones irregulares que causan estos incidentes.

Cuáles son los problemas que provocan tantos accidentes de tránsito en el país
Países como Costa Rica empezaron a implementar un enfoque integral de la gestión de la seguridad vial hace más de cuatro décadas, mientras República Dominicana no fue sino hasta tan reciente como el año 2017 que aprobamos la primera política pública moderna para abordar este tema con el Plan Estratégico Nacional de Seguridad Vial e, inmediatamente, la promulgación de la Ley No. 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial. Antes de ese nuevo marco jurídico teníamos diferentes instituciones sin una política clara que las alineara, ejecutando acciones de manera dispersa y utilizando datos sesgados o incompletos para realizarlas.

Hay que ser conscientes del marco jurídico obsoleto anterior a esa ley. Era fundamentalmente del año 1967, cuando la población dominicana era solo de aproximadamente 4 millones de habitantes y la mayoría de las vías principales no existían, en contraste con los más de 10 millones que somos ahora.

También, el parque vehicular en la época en que se había aprobado esa legislación era insignificante comparado con los más de cuatro millones de vehículos que tenemos ahora, y en un contexto socioeconómico actual, en el que ya más del 80% de la población dominicana vive en zonas urbanas, y donde tenemos una población flotante de más de 7 millones de visitantes. Es decir, que por más de cinco décadas operábamos como país con un marco jurídico que fue haciéndose inadecuado según fueron evolucionando y haciéndose más complejas nuestras ciudades. Ni qué decir de la evolución tecnológica que ha mediatizado muchos comportamientos, por lo que uno de los ejes de la nueva Ley son los Sistemas Inteligentes de Transporte.

En pocas palabras, empezamos tarde a dotarnos de un enfoque holístico para enfrentar la problemática de los accidentes de tránsito, y precisamente por eso el dominicano se acostumbró a convivir tanto con el peligro que simplemente redujo su capacidad para percibir el riesgo en las vías, y esto es algo que nos dicen expertos en seguridad vial de otros países que nos apoyan desde organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud o el Banco Interamericano de Desarrollo.

En última instancia, se trata de producir un cambio de comportamiento de los ciudadanos, sobre la base de un cambio de paradigma, y esto no es fácil, sobre todo cuando apenas empezamos el abordamiento correcto de este tema hace escasamente 3 años. Sin embargo, estamos avanzando con pasos firmes para conseguirlo, y si atendemos a distintos indicadores como la reducción de la accidentalidad o la mejora de los registros ya lo estamos consiguiendo, aunque no nos sentiremos satisfechos hasta que lo hagamos del todo, porque eso se toma su tiempo.

Considera la educación y la aplicación estricta de un régimen de consecuencias suficientes para superar el problema
Ciertamente, la mejora de la capacitación, formación y educación vial y el establecimiento de un más potente régimen de consecuencias, son medidas imprescindibles que contribuyen enormemente a la reducción de los accidentes de tránsito, pero no son suficientes.

El problema es complejo y, correspondientemente, las soluciones, por lo que se necesitan de más medidas y contramedidas para llegar a tener éxito. El problema del problema, o el problema de la solución al problema, está en que muchas de ellas son inabordables en lo inmediato, y todas de forma paralela son imposibles. Se necesita tiempo y, ¿por qué no decirlo?, recursos, que lamentablemente no es que sobren.

Lograr cambiar lo que ocurre en nuestras vías amerita también acciones que, por un lado, refuercen al ciudadano que tiene un buen comportamiento, y por el otro, castiguen y reeduquen al infractor. Esto es lo que fundamentalmente demuestra la evidencia científica que funciona y, por supuesto, todo debe sustentarse en el uso intensivo de la tecnología con un enfoque que nos mueva hacía la gestión inteligente de la movilidad.

Asimismo, necesitamos invertir en más investigación científica y en mejores sistemas de datos sobre movilidad y seguridad vial, pues nuestras ciudades siguen creciendo y evolucionando, por lo que la única manera de gestionarlas apropiadamente es disponiendo oportunamente de más y mejores datos.

¿Utilizan algún tipo de tecnología, como cámaras de vigilancia, para controlar el tránsito?
Sí, el Intrant trabaja en la ampliación y mejora de su Centro de Control de Tráfico para la ciudad de Santo Domingo, para semaforizar y modernizar 297 intersecciones del Gran Santo Domingo, incluyendo cámaras de alta resolución para monitorear el tránsito. Pretendemos crear otros Centros de Control de Tránsito en otras ciudades de las más densamente pobladas, como Santiago y San Cristóbal, en la medida en que los recursos lo permitan.

Estamos probando radares, como piloto, en la línea de implementación de Sistemas Inteligentes de Transporte (ITS), que permitirán facilitar y potenciar bastante el trabajo de fiscalización, automatizando procesos que realizan manualmente los agentes de tránsito, escasos en número para controlar a una población desproporcionalmente numerosa. También, permitiendo objetivar mayormente las conductas infractoras y rompiendo la desconfianza de la población en el sistema que se ha labrado por años en razón de malas prácticas. De hecho, hemos comenzado a aplicar otros sistemas como son los alcoholímetros, para atender una conducta especialmente peligrosa y de gran incidencia como es la de manejar bajo los efectos del alcohol.

¿Qué acciones ejecuta el Intrant para reducir las muertes o lesiones por accidentes en el caso de las motocicletas?
Los usuarios de motocicletas representan el grupo de más alto riesgo en nuestras vías, pues representan el 67.3% del total de muertes por siniestros viales, razón por la cual hemos elaborado una metodología de abordamiento especial para este tipo de usuarios de las vías, la cual hemos denominado Plan Estratégico Nacional de Seguridad Vial de Motocicletas.

Este plan se mueve en cinco ejes fundamentales, tres que atacan los factores generales que producen los siniestros viales: humano, vía, vehículo, así como otros dos transversales: enforcement e investigaciones.

Entre las líneas de acción más importantes que estamos implementando están las mejoras y nuevas exigencias que hemos establecido para la obtención de la licencia de conducir para motociclistas. Hemos fortalecido e intensificado la educación vial para este tipo de usuarios, pero además, hemos realizado estudios para determinar el estado del parque vehicular de motocicletas. También hemos trabajado en la elaboración de un reglamento específico para este tipo de medio de transporte, que está pendiente de aprobación por el Poder Ejecutivo.

Una de las medidas que queremos potenciar es el uso del casco, con medidas que van desde la propia concienciación a través de campañas, la fiscalización, o lo que va a ser novedoso a nivel mundial, la obligación de demostrar que se posee y revisión/homologación, que se dará con la Inspección Técnica Vehicular cuando esté definitivamente implementada.

¿Cuál es su visión sobre la evolución de los accidentes de tránsitos en los últimos diez años?
En el informe de la Organización Mundial de la Salud sobre el estado de situación de la seguridad vial en el mundo, publicado en 2013, con datos correspondientes a 2010, República Dominicana resaltaba con una tasa de 41.7 muertes por cada 100 mil habitantes, la más alta del mundo en ese momento, mientras la última edición de ese mismo informe, publicado en 2018, con datos de 2016, aparecemos con un tasa de 34.6 muertes por cada 100 mil habitantes, por lo que podemos ver una tendencia a la reducción de este indicador. Pero más aún, el Observatorio Permanente de Seguridad Vial publicó recientemente su informe con datos de 2018, donde se evidenció una tasa de 29.28 fatalidades por cada 100 mil habitantes, lo que representa una reducción de esta tasa de aproximadamente un 30% en los últimos 10 años, lo que equivale a más de 1,100 vidas salvadas.

No queremos decir que hemos ganado la guerra contra esta problemática. Por el contrario, nos queda un largo recorrido, pero estamos trabajando en correspondencia, siguiendo el camino correcto, gracias a una metodología de abordamiento de la problemática que se sustenta en el método científico, contando con un equipo de personas preparadas y comprometidas con salvar vidas, donde únicamente nos puede limitar en velocidad, pero no parar, la disponibilidad de recursos.

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