Icono del sitio Seguros

ARTICULO: Los déficits y la deuda

Felix Santana

Por: Lic. Felix Santana Garcia
felix.felixsantana.santanagarc@gmail.com

Algunos presidentes norteamericanos pensaban que los grandes déficits presupuestarios eran tan preocupantes que estaban dispuestos a considerar la posibilidad de establecer nuevos impuestos, medida que nunca es políticamente popular.

Se debe evitar la práctica habitual de suponer que los déficits publicos son malos en extremo porque se castiga a los deudores privados, no obstante se deben reconocer los verdaderos problemas que causan los déficits públicos.

La cantidad acumulada de lo que ha pedido prestado el Estado para financiar los déficits anteriores se denomina deuda pública. El volumen de la deuda publica esta dado y se debe tener en cuenta las variaciones de la producción en torno a su nivel potencial.

La influencia a corto plazo de los déficits presupuestarios en la economia se conoce con el nombre de efecto-expulsión. A largo plazo, la deuda pública varía dependiendo de la senda fiscal y monetaria y la producción tiende a alcanzar su nivel potencial.

Las cuestiones a largo plazo relacionadas con la política fiscal se refieren a la influencia de la deuda pública en la formación y el consumo de capital de las futuras generaciones y se conoce con el nombre de carga de la deuda.

Revisando los apuntes aportados sobre la deuda y los déficits, por el extinto economista Paul Samuelson (1996), este acotaba que los políticos y los líderes empresariales suelen sostener que el gasto público socava la economía, afirmando, de hecho, que el gasto público absorbe la vitalidad del país.

Cuando el Estado gasta el dinero de los ciudadanos en proyectos de obras públicas o en programas sanitarios para los pobres o los ancianos, estos fondos lo único que hacen es expulsar proyectos privados que tendrían mayores rendimientos y mayor utilidad social.

Según este argumento el gasto público reduce la inversión privada, invoca la hipótesis del efecto expulsión, el cual sugiere que cuando el Estado gasta RD$100.00 más en bienes públicos, la inversión privada y otros gastos sensibles a los tipos de interés disminuyen en RD100.00

La deuda pública afecta el nivel de vida del ciudadano medio a largo plazo en el momento de existir dificultades para pagar los intereses de una elevada deuda exterior, la ineficiencia que se deriva de la recaudación de impuestos para pagar los intereses de la deuda y las consecuencias de una disminución de la acumulación de capital.

La deuda interna es lo que debe un país a sus propios ciudadanos, pero se sostiene que esta no impone ninguna carga porque los ciudadanos se deben así mismos, esto a si porque si cada ciudadano compra un instrumento de deuda a largo plazo (bono) al Estado y este tuviera la obligación de pagar impuestos para mantener esa deuda, no tendría sentido pensar concebir la deuda como una pesada carga de piedras que debe soportar el ciudadano. El ciudadano se debe la deuda a sí mismo.

La deuda externa, es la que un país contrae con extranjeros, si presenta una reducción neta de los recursos de que puede disponer la población del país deudor. La carga de una deuda externa representa una reducción de las posibilidades de consumo de un país.

La deuda interna requiere el pago de intereses a las personas que poseen los bonos del Estado, para lo cual se debe recaudar impuestos. Se establece que la consecuencia más grave de una gran deuda pública sea el hecho de que desplaza capital de la cantidad de riqueza de un país. Como consecuencia, se frena el ritmo de crecimiento económico y disminuye el nivel de vida futuro.

A medida que crece la deuda pública, la gente acumula deuda pública en lugar de capital privado y el stock de capital privado del país es desplazado por la deuda pública.

Considerando todos los efectos que produce la deuda pública en la economía, la presencia de un enorme volumen de deuda pública puede ser claramente perjudicial para el crecimiento económico a largo plazo.

A medida que va acumulándose deuda con el paso del tiempo, se desplaza una cantidad de capital cada vez mayor. Al subir los impuestos para pagar los intereses de la deuda, la ineficiencia reduce aún más la producción.

El aumento de la deuda exterior reduce la renta nacional y eleva la proporción de la producción nacional que ha de destinarse a pagar los intereses acumulados.

Una gran deuda publica tiende a reducir el crecimiento de la producción potencial de un país porque desplaza capital privado, aumenta la ineficiencia derivada de los impuestos y obliga al país a pagar intereses por la proporción exterior de la deuda.

Los grandes déficits han hecho casi imposible que los gobiernos puedan considerar seriamente la posibilidad de crear grandes programas o de aumentar significativamente los existentes.

El señor Benjamín Friedman, profesor de la Universidad de Harvard, ha hecho una valoración aún más sombría de los déficits cuando este expresa: “El camino radical por el que se lanzó la política económica de Estados Unidos en la década de los años 80 infringió el principio moral básico que había unido a todas las generaciones de norteamericanos desde la fundación de la república: Los hombres y las mujeres deben trabajar, comer, ganar y gastar tanto privada como colectivamente, a fin de que sus hijos y los hijos de sus hijos hereden un mundo mejor.

Se ha roto con esa tradición siguiendo una política que equivale a vivir no solo en el presente sino para el presente. Parece razonable afirmar que el déficit ha sido la causa principal de los peores resultados de la economia norteamericana”.

En la medida en que se pidan más préstamos a otros países para consumir y se comprometa la prosperidad para devolver los intereses y el principal de esa deuda externa, los descendientes se encontraran, de hecho, con que tendrán que sacrificar consumo para pagar sus intereses y devolverla.

A largo plazo un aumento de deuda pública puede frenar el crecimiento de la producción potencial y del consumo debido a los costos de pagar los intereses de la deuda externa y devolverla, a la ineficiencia derivada de los impuestos necesarios para pagar dichos intereses y a la reducción de la acumulación de capital provocada por el desplazamiento de capital.

En ese marco, recientemente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advirtió a las autoridades dominicanas sobre el riesgo de la deuda en dólares. La Republica Dominicana junto a otros cuatro países de la región (Argentina, El Salvador, Paraguay y Surinam) mantienen más del 60% de su deuda del sector público en dólares.

En ese sentido, el BID, advierte que el país ha disminuido ligeramente su deuda en moneda extranjera pero ha aumentado la existente a corto plazo y puede que los riesgos de liquidez sean más altos, dado que los inversores extranjeros pueden estar sujetos a shocks internacionales que pueden afectar sus posiciones de liquidez.

Sugiere que las autoridades dominicanas deben ser cautelosas ante el vaivén de los mercados globales los cuales pueden experimentar mayor grado de deterioro.

Recomienda que el país debiera desarrollar mercados locales para la deuda a largo plazo y a interés fijo denominada en moneda local estable y por lo tanto, reducir la dependencia del financiamiento externo que suele ser más volátil.

También el BID invita a las autoridades del país a aumentar las reservas internacionales debido a posibles cambios en la economía global que llevarían al país y los demás de la región a subir las tasas de interés para evitar presiones inflacionarias y los tipos de cambio probablemente se depreciarían.

El informe del BID recoge que una combinación de shocks económicos y un Brexit desordenado podrían dar al traste con el crecimiento económico de América Latina y el Caribe en un promedio anual de hasta 1.7% del PIB entre el 2019 y el año 2021, reduciendo la tasa de crecimiento base del 2.5% a solamente 0.8%.

De manera, que las autoridades dominicanas deben ser cautas y comedidas en el gasto y efectivas en las recaudaciones a los fines de evitar que se profundice el déficit fiscal causante de más deuda pública más aún con motivo de las próximas elecciones congresionales, municipales y presidenciales a efectuarse en los meses de febrero y mayo del próximo año 2020.

Salir de la versión móvil